GUERRA FRÍA (1945-1990)
El incremento de la lucha ideológica entre las superpotencias desarrolló una nueva pugna entre dos bloques: la comunidad del Atlántico –integrada por EEUU y los países de Europa Occidental- y la URSS y los Estados europeos orientales. Cuando en 1949 se estableció la República Popular China, el enfrentamiento se hizo mundial
LOS ORÍGENES DE LA GUERRA FRÍA
La Segunda Guerra Mundial abrió paso a un nuevo esquema de relacionamiento internacional que puede caracterizarse por:
- La bipolaridad y el hundimiento del poderío europeo tradicional.
- La hegemonía de dos nuevas superpotencias: EEUU y la URSS.
- La intensificación de los procesos de descolonización.
- La creación de un nuevo organismo de arbitraje internacional: la ONU.
LA BIPOLARIDAD Y EL HUNDIMIENTO DE EUROPA
El mundo que emergió de la Segunda Guerra Mundial estaba profundamente dividido en dos campos, que fueron intensificando sus diferencias como consecuencia del antagonismo en sus estructuras económico-sociales.
El antiguo sistema de equilibró multilateral, cuyo centro era Europa, había sido sustituido por un sistema bilateral de dos superpotencias extraeuropeas: Estados Unidos y la Unión Soviética.
Ellas superaron en poderío económico, militar, científico y técnico a las demás naciones del planeta estableciendo una bipolaridad que permite explicar, en buena medida, la marcha de los acontecimientos mundiales hasta 1990.
Las potencias occidentales de Europa, debilitadas por la Primera Guerra y los sucesos de entreguerras, recibieron, con la Segunda Guerra, el golpe de gracia que la desplazó del lugar de privilegio que monopolizaban desde hacía un cuarto de siglo,
En el marco de esta realidad, el espacio europeo quedó dividido en dos: el occidental y el oriental.
Se denominó Europa Occidental al conjunto de países que, concluida la Segunda Guerra, no se integraron al socialismo. Por lo tanto, el término “occidental” está más cargado de sentido ideológico que de rigor geográfico.
El bloque de Europa Oriental, por su parte, lo constituyó el espacio ocupado por las naciones que se volcaron, voluntariamente o por la fuerza, al socialismo soviético.
LAS SUPERPOTENCIAS: EE.UU. Y LA URSS
EEUU. Con su territorio intacto y su productividad industrial enormemente aumentada, fue la principal fuente para la reconstrucción de las maltrechas economías de Europa.
A sus aliados ofreció grandes cantidades de dinero, materiales excedentes de guerra y ayuda técnica. Como único ocupante de Japón y una de las cuatro potencias ocupantes de Alemania, también volcó dinero y esfuerzos en la rehabilitación de sus enemigos, estimulando su resurgimiento.
La ayuda económica que prestó estaba íntimamente ligada a la lucha ideológica que se planteaba con el campo socialista: no asistir a los países perjudicados por la guerra podía significar la pérdida de sus fidelidad.
El 12 de marzo de 1947, el presidente estadounidense Harry Truman proclamó formalmente su posición frente a la URSS y sus aliados. En su doctrina, el primer mandatario presentó este enfrentamiento como un combate ideológico entre la libertad y el totalitarismo; por tanto, toda acción intervencionista en el mundo que atendiera esta realidad estaba plenamente justificada.
En este marco, el secretario de Estado George Marshall anunció un plan de ayuda (el Plan Marshall) a los países europeos, hasta que afianzaran su reconstrucción económica y social. Los objetivos del programa eran brindar ayuda económica y técnica promoviendo la producción industrial y agrícola, afianzando la solidez financiera y monetaria de los países, y estimulando el desarrollo del comercio internacional de los participantes entre sí y con otras naciones, Su mayor virtud residía en que por medio de él se podía sostener el superávit de las exportaciones norteamericanas y al mismo tiempo fortalecer las economías de las naciones prooccidentales, disipando el peligro de una atracción del bloque socialista. Entre 1948 y 1952 el plan aportó casi 17.000 millones de dólares a un total de 16 países, de los cuales 9.000 millones fueron donaciones. El Plan Marshall, que en realidad volcó menos capitales de los que inicialmente había prometido, constituyó un factor fundamental en la recuperación europea, cimentando un régimen de intercambio e interdependencia que también favoreció la expansión norteamericana en el plano económico y una mayor presencia en el plano político y militar.
La URSS. Ejerció una gran influencia en Europa Oriental, Presionó a los países de su esfera para que rechazaran la ayuda ofrecida, acusando al Plan de tener escondidas intenciones imperialistas. Brindó, no obstante, su apoyo, en base a la adopción de los lineamientos de planificación y colectivización de la economía soviética.
Uno tras otro, los países lindantes con la Unión Soviética, que habían sido liberados de los nazis con al ayuda del “ejercito rojo”, adoptaron gobiernos de coalición dirigidos por los comunistas, quienes establecieron, a partir de 1948, regímenes denominados “democracias populares”.
Tras un período de pluralismo político en el que se realizaron elecciones parlamentarias libres, se procedió a eliminar a la oposición e instrumentar el control de los partidos comunistas sobre sus aliados frentepopulistas. Estos cambios fueron acompañados de la nacionalización de los principales recursos económicos y de la elaboración de los primeros planes a corto plazo.
En el plano interno, el régimen soviético fue adquiriendo características cada vez más autoritarias, consolidándose el culto a la personalidad de Stalin. Convertido en el conductor de la revolución mundial y en la esperanza de millones de seres humanos.
El centralismo democrático del estalinismo se aplicó haciendo hincapié en el primer término (el centralismo) y desconociendo totalmente el segundo (la democracia). Los órganos electores y de consulta del Partido Comunista dejaron de reunirse y de ser oídos, Stalin y sus colaboradores pasaron a controlar toda la estructura del Estado y la sociedad. Cualquier oposición era censurada y se practicaron las purgas periódicas y las deportaciones a los campos de prisioneros de Siberia. Recientes investigaciones afirman que entre 3 y 10 millones de personas pasaron por los campos de trabajo, en los que se recluía no solo a los enemigos del socialismo sino también a los revolucionarios y patriotas que se oponían a las desviaciones del régimen.
Estos aspectos, y el infranqueable cerco puesto a la oposición y a los disidentes, no hicieron mella a la enorme popularidad de José Stalin, que se mantuvo en el poder hasta su muerte en 1953.

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